Adrián regresó al día siguiente al laboratorio, quería disculparse por su comportamiento en la noche anterior, con Samuel.
Su jefe estaba sentado, mirando fijamente al monitor conectado con Terra Ferma.
-¡Ah, Adrián, acérquese, mire ésto!
Adrián se acercó al monitor y vio que Terra Ferma poseía una inmensa extensión de terreno, se extendía a una escala de miles de kilómetros.
-¿Cómo lo ha conseguido?
-No ha sido fácil, pero he podido introducir en el programa una conciencia biológica, que le permitirá expandirse ilimitádamente.
-Pero, ¿Dónde la ha encontrado?
-Será mejor que no te lo diga todo Adrián, podrías convertirte en el futuro en un informador y acabar muerto, arrojado por un puente.
Adrián dejó ese tema a parte, al fin y al cabo, había venido a disculparse.
-Llame de nuevo a nuestro amigos militares, dígales que hemos solucionado todos los problemas de Terra Ferma.
-De acuerdo jefe.
-Y una última cosa, quiero que elimines por completo la Zona Zero de almacenamiento de avatares, el avatar del usuario se destruirá cuando éste se desconecte, y se volverá a crear cada vez que vuelva a entrar en Terra Ferma.
-¿Puedo preguntarle por qué señor?
-Porque una persona que ha muerto, puede conservar su avatar en el programa, y éste es una copia idéntica del individuo real, y sobrevivirá aunque su dueño ya no exista.
No quiero que haya fantasmas en Terra Ferma, puede ser muy peligroso.
-Comprendo señor, considere la Zona Zero eliminada.
-Siento lo que le dije Adrián, siempre ha sido un ayudante más que ejemplar.
-Acepto sus disculpas.
Samuel sonrió y abrazó a Adrián, luego salió de su laboratorio y volvió a su hogar.
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