El Adivino, despues de que Tomás y Usutu desaparecieran, se quedó mirando al horizonte, hacia el infinito donde Terra Ferma llegaba a su fin.
Estaba tranquilo y en paz con todo el entorno, mirándolo con atención y recordando al mismo tiempo, la ciudad que se levantaba en el lugar que ahora robaba el Vórtex.
-Siempre me ha gustado esta vista, incluso en esta situación.
El Adivino reconoció la voz de su antiguo jefe, se levantó del suelo y se giró hacia el:
-Hay cosas que pase lo que pase, siempre permanecen iguales.
-Eso no es cierto Adrián, todo está ahora a punto de cambiar.
-Espero que tengas razón, espero que haya hecho lo correcto.
Samuel Campos se acercó a su antiguo ayudante de laboratorio y le miró directamente a los ojos:
-Todo lo que va a pasar, ya ha pasado antes. Nosotros no tenemos derecho a decidir qué es lo correcto o qué es lo que está prohibido.
-¿De verdad crees eso?
-Viejo amigo, cada uno de nosotros simplemente representamos un papel, que el destino decidió hace mucho tiempo.
Nada es inevitable, pero todo al mismo tiempo está escrito.
Nuestras acciones y decisiones solo retrasan o adelantan el porvenir de nuestro mundo, pero no lo cambian, es imposible.
-¿Cuál es ese futuro Samuel?
-Ya sabes cuál es Adrian, por eso has guiado a Tomás hasta el Dispositivo, tan solo uno de los 4 falta por ser revelado.
-Soy yo verdad, el cuarto, le pediste a Elena que me matara en el mundo real.
-No podía dejar que hubiera ningún cabo suelto, El tiene que activar el Dispositivo al mismo tiempo que mi hijo, es la única forma de que nuestras muertes hayan tenido un propósito.
El Adivino giró su cabeza hacia el horizonte de nuevo, y volvió a mirar al infinito.
Los 4 fantasmas, los 4 avatares que se habían creado antes de que la Zona Zero fuese eliminada, las conciencias humanas que sobrevivieron a la misma muerte gracias a Terra Ferma: Tomás, El Demiurgo, Samuel y Adrián.
Cada uno con un papel que representar, cada uno obligado a ayudar a los otros a cumplir con su destino.
-He hecho todo lo que me has pedido, Usutu y Tomás ya saben la verdad, conocen la historia de los Nephilim, y tu hijo activará sin ningún problema el Dispositivo.
Terra Nova nacerá y todo nuestro imperfecto mundo desaparecerá, como está escrito.
-Estas hablando con sabiduría Adrián, tu labor ha sido muy importante pero, si me disculpas, aun me queda a mi algo por hacer.
-¿Crees que Tomás algún día lo entenderá, que algún día te perdonará?
-Eso espero.
Samuel tragó saliva con dificultad, y junto al sonido del viento, desapareció.