domingo

Capitulo 47-Familia Actual

Elena se sentó en un sofá de la suite del Demiurgo, mirándole fijamente desde que entró por la puerta, después de 30 años sin verle, lo había reconocido desde el primer momento, en aquella reunión de Genimus.
-¿Qué tal te encuentras?
-Me ha costado acostumbrarme a este cuerpo, pero ahora ya estoy perfectamente sincronizado con el.
-¿A qué te refieres?
-Al principio sentía las articulaciones algo entumecidas, y tenía hormigueos en la espalda, además de jaquecas.
-Pero ahora ya se te ha pasado.
-Completamente, es la primera vez en muchos años que puedo reconocerme en un espejo.
-Debe haber sido duro para tí.
-¿Duro? No tienes ni idea de lo que es estar atrapado en un sueño durante 30 años, lo que es estar deseando escapar cada segundo de tu existencia, hasta que empiezas a plantearte la muerte como una solución a tus problemas.
Pero yo no podía morir, porque alguien me robó mi cuerpo.
El Demiurgo estaba muy alterado, daba vueltas por toda la habitación, elevando el tono de su voz cada vez más.
Elena se levantó y le tocó el hombro cariñosamente:
-Lo sé, me pase todo el tiempo que estuve de pequeña en el internado pensando en mamá y en tí, en dónde estaríais, y cuando me enteré de que el hijo de Samuel Campos eras tú, no descansé hasta lograrme un puesto de confianza en Genimus, un puesto que me llevaría hasta tí.
-¿Cómo supiste que yo era El Demiurgo?
-Una de las primeras veces que me conecté a Terra Ferma, un anciano se me apareció, me dijo quien eras y lo que tenía que hacer para liberarte.
-Ese anciano es el avatar de Samuel Campos.
-Lo se.
-¿Por qué confiaste en el?
-Porque Samuel ya estaba muerto cuando le ví, igual que tú.
-Yo no estoy muerto, ahora ya no.
El Demiurgo se alejó de Elena y recogió su abrigo, después volvió hacia ella:
-Agradezco todo los sacrificios que has hecho por mí Elena, por esa razón te pido que me acompañes.
-¿Acompañarte a dónde?
-A resolver todas las dudas que tienes, que has tenido durante toda tu vida, yo puedo ayudarte Elena, como tú lo has hecho conmigo.
-¿No te entiendo?
-Ven conmigo, y lo entenderás.
Finalmente Elena fue incapaz de no confiar en la palabra de su hermano, y le acompañó cuando salió del hotel.