miércoles

Capitulo 26-El Puente.

Elena estaba apoyada en la barandilla donde se encontraba siempre con su informador, pero esta vez había elegido la hora de la reunión en un momento determinado en el que sabia que el puente estaría desierto.
Miró hacia los lados para comprobarlo, pero no se equivocó, no había ninguna alma deambulando por allí.
Su informador, vestido igualmente con gabardina y sombrero se acercó a Elena:
-Dijiste que tenías que decirme algo muy importante.
-Sí, El ya está de camino hacia el Ágora de Urano, ya falta muy poco para que la encuentre.
-Genial, creo que ya se ha vuelto imparable como dueño de Genimus, ¿Alguna otra mala noticia?
-Bueno, no escuchaste mi consejo sobre tu vestuario.
El informador se rió, después de lo que había pasado, esa mujer aún conservaba su sentido del humor.
-A lo mejor la próxima vez.
-No creo que nos volvamos a ver, amigo mío.
-¿Ya no le soy útil, verdad?
-No, me pidió que no dejara ningún rastro.
-Entiendo, te echaré de menos Elena.
Elena dudó al mirar a los ojos de su compañero de barandilla, puede que no fuera realmente necesario, pero esas decisiones no le correspondían a ella, tan sólo tenía que ejecutarlas.
Golpeó su pecho con la mano abierta y luego con una presión y fuerza muy concreta le pegó en 4 puntos estratégicos alrededor de su corazón.
Al informador casi ni le dió tiempo a agarrarse el pecho antes de caer al suelo, muerto.
Elena inspiró con fuerza, una gran bocanada de aire entró en sus pulmones, aclarando sus ideas.
Recogió el cuerpo del suelo y lo arrojó hacia el otro lado de la barandilla.
Cuando alguien descubra el cadáver arrastrado por la corriente del rio hacia el norte, pensarán que fue un suicidio o que murió de un infarto natural cuando estaba demasiado cerca de la barandilla del puente.
Elena se dispuso a marcharse de allí no sin antes cuestionarse los motivos que llevaron al anciano a tomar esta decisión y a ejecutarla a través de ella.

Capitulo 25-Siberia

Los presos del módulo 5 estaban descontentos, desde hace 2 meses les alimentaban a base de gachas y patatas.
Ya era hora de cambiar las cosas, esa dieta fuera al principio un castigo para los presos conflictivos que habitualmente los tenían que encerrar en celdas acolchadas, alejados de los demás.
Pero ahora ese plato se había convertido en una tradición a la hora de cenar en la cárcel de máxima seguridad más aterradora de toda Rusia.
Los presos protestaban deshaciendo rollos de papel higiénico y tirándolos a los pasillos a través de los barrotes de sus celdas, aunque al mismo tiempo armados con sus cepillos de dientes, su ropa o con sus propias manos, golpeaban todo lo que podía crear un estruendo insoportable en todo el módulo 5.
Los guardas alarmados por todo ese estruendo se dirigieron ipso facto, armados con sus porras reglamentarias hacia los pasillos repletos de papel higiénico por el suelo.
-¡CALLÁOS TODOS, O OS JURO QUE LO LAMENTAREIS!
El incríble grito del líder de los guardas silenció a los presos durante un momento, parecía que se habían asustado de la reacción del jefe, pero unos segundos después volvieron a realizar su pequeña revuelta con más decisión.
Los guardas llegaron al límite de su paciencia, y empezaron a golpear con sus porras a todo aquel preso que estuviera lo suficientemente cerca de los barrotes como para poder alcanzarle.
Justo cuando el jefe de los guardas estaba a punto de dar la orden de que se abrieran las celdas y pudieran acabar con esto de una vez las luces del todo el módulo se apagaron.
Todo el mundo se quedó en silencio, como esperando a que volviera la luz para poder continuar con su conflicto pero cuando la luz volvió lo hizo en una extraña sucesión de colores:
Verde-Rojo-Verde-Verde-Rojo.
Esta secuencia se alargó durante unos 40 segundos y todos los seres humanos del módulo 5 se desmayaron en cuanto acabó la secuencia de inmediato.
Después toda la estancia quedó cubierta por una luz violeta.
El Demiurgo apareció caminando desde el fondo del pasillo acompañado por los empleados de Genimus que le habían acompañado en su viaje a Siberia.
Llevaban todos puestos unas gafas de sol con unos cristales especiales que debido al material del que estaban hechos, repelían la luz con la determinada longitud de onda de esos específicos colores.
Uno de los hombres Del Demiurgo se acercó al cuerpo inconsciente del jefe de los guardas, se inclinó hacia su cabeza y la introdujo en un escáner cerebral portátil que llevaba consigo en una maleta.
-El enlace ha ocurrido con éxito señor, su conexión con Terra Ferma es estable.
El Demiurgo acarició su abrigo de piel, perfecto para las temperaturas extremas de esa parte de Rusia y con una sonrisa en su rostro contestó:
-Parece que hemos encontrado una manera de conectarse al programa sin utlizar las gafas holográficas.
Otro de sus hombres que se encontraba de pie a su lado, recibió un mensaje de texto en su Blackberry.
-Señor Campos, parece que el gobierno chino acaba de autorizar a Genimus el acceso a la Ciudad Prohibída.
-Llame al piloto y dígale que cambie el rumbo preestablecido, ahora mismo nos vamos a Pekín.
-Como usted quiera señor.
-Y dígale de mi parte al señor López, que su ayuda ha sido crucial para el futuro de nuestra empresa.
El empleado asintió con la cabeza y se dirigió a la salida del módulo.
-Señor, desconectamos su conexión con Terra Ferma.
-No Boris, quiero ver durante el tiempo que tardemos en llegar a China el estado de su conexión.
-¿Va a dejarlos durante horas así?
-Es necesario.
Dicho esto, El Demiurgo hizo una señal con su mano al resto de sus empleados y todos salieron del módulo 5 rumbo al aeropuerto.

Capitulo 24-Gea.

Usutu observó la gran portezuela de la Biblioteca, completamente destruída por los saqueadores que penetraron en el hogar del Demiurgo en cuanto éste desapareció.
Yacía despedazada en el suelo, a Tomás por poco le dió lástima, ¡Con lo que le había impresionado a él en el momento que llegó a Terra Ferma!.
Usutu y Tomás entraron en la estancia con cuidado, sorteando los escombros que ahora reinaban en la sala.
Tódo lo que había sido anteriormente la gran Biblioteca estaba ahora abandonado y despedazado por el suelo: Los cuadros de las paredes estaban tirados y rasgados, las maquetas de modelos científicos estaban rotas en pedazos, las estanterías llenas de libros estaban fragmentadas por todos sus angulos posibles, y miles de filas de ellas estaban tumbadas de tal forma que quedaba claro que las habían tirado a propósito de crear un efecto dominó.
Tomás pensó que si su nuevo amigo estaba allí para buscar algo, era muy probable que algún ladrón se lo hubiera llevado antes.
-¿Crees que lo que quieres encontrar aquí aún sigue en algún lugar de este desastre?
-¿Cómo sabes que estoy buscando algo? Yo no te he dicho nada.
-Elemental, ¿Por qué razón alguien querría venir aquí si sabe que no hay nadie?
-Buena respuesta, ¿Fue aquí donde ese viejo te dejó inconsciente no?
-¿Cómo sabes eso?
-Elena me lo dijo.
-¿Elena?
-La mujer que abatió a esos hombres y la que te entregó las gafas holográficas.
-De modo que tú sabías todo lo que me ha pasado desde el principio.
Usuto sonrió disimuladamente y empezó a caminar seguido de Tomás hasta la pared de la izquierda de la Biblioteca.
-¿Cómo te llamas? Me acabo de dar cuenta de que no sé nada de ti, y eso no es justo.
-Me llamo Usutu y formo... perdón formaba parte de un grupo de operaciones, digamos un tanto especiales.
-¿Quieres decir que eres un criminal?
-No, yo trabajaba para criminales, éstos cuando querían que les consiguiese cualquier tipo de información que protegían diversas organizaciones, como:
Direcciones de campamentos militares, códigos de activación de bombas nucleares o simplemente transcripciones de conversaciones telefónicas que realizaban en Terra Ferma, me llamaban y yo realizaba el trabajo en tiempo récord, por eso mi equipo era el mejor.
Tomás no se creía lo que estaba oyendo, ese hombre le acababa de confesar sus negocios turbios, o confiaba en el lo suficiente para compartir esa información o estaba realmente loco.
-¿Pero algo cambió ultimamente ,no?
Usuto se sorprendió, cualquiera después de escuchar éso saldría corriendo de allí, pero Tomás se sentía interesado en su persona, tal vez su recien descubierto don inmortal le estaba convirtiendo en un temerario.
-Hace unos 4 días, contactó conmigo una mujer que declaraba ser la responsable de la seguridad onírica de Genimus.
Yo por supuesto me negué a hacer ningún tipo de negocios con ella, no era de fiar y mi equipo tambien se negaba.
-Pero ella encontró la forma de convercerte.
-Exácto, me ofreció a cambio de su misión una suma de dinero que superaba los 20 dígitos, mi futuro estaría resuelto y el de mis compañeros tambien.
¿Cómo iba a negarme?
-¿Y quién era esa mujer?
-Elena.
Tomás sintió que por primera vez las piezas empezaban a encajar, esa mujer no sólo lo había planeado todo, si no que tambien parecía tener recursos ilimitados.
-¿En que consistía la misión?
-En una aunténtica operación suicida, penetrar en los dominios Del Demiurgo y robarle su más importante posesión, que resguardaba en alguna sala secreta de su Biblioteca.
-¿El Demiurgo?
-Si, era un ser misterioso que regía Terra Ferma, nadie sabe exactaménte que és pero todo el mundo lo teme y lo respeta lo suficiente como para acatar sus reglas sin ofrecer ninguna oposición, pero hace poco ha desaparecido.
A Tomás le sobrevino otra revelación, aunque ésta no era tan agradable como la anterior,
-Espera, ¡Ese maltido anciano era El Demiurgo!
-Sí, y no se que te hizo cuando te tocó, pero ahora ya no está en Terra Ferma, y el programa se está derrumbando.
-Si Elena te habló de mi encuentro con El, debe saber más que nosotros.
-Esa mujer cada vez parece más peligrosa, una vez que mi equipo fue masacrado por esa cosa, apareció en mi apartamento y me dijo que te protegiera, que eres el único que puede salvar Terra Ferma.
-¿Yo?, Vamos, lo único que quiero es escapar de este lugar, me da igual que vuestras pesadillas desaparezcan Usutu, me prometiste que me ayudarías a salir de aquí,
Usutu iba avanzando pegando su mirada a la pared de la Biblioteca hasta que vio un grabado de Gea, la personificación de la Tierra según la mitología Griega.
-¿Qué ocurre?, Dijo Tomás al ver a Usutu detenerse repentinamente.
-Por este dibujo sacrificaron todos mis hombres sus vidas.
-Pero ellos estan despiertos en el mundo real, no están muertos.
-Para mí están muertos.
Usutu en cuanto pronunció estas palabras presionó hacia dentro el grabado de Gea y un fragmento de la pared se movió hacia la derecha descubriendo un pasadizo secreto.

Capitulo 23-Vórtex

Elena estaba montada en su todoterreno preparado para recorrer el desierto, se dirigía hacia la Biblioteca donde pensaba recoger a Usutu y a Tomás en cuanto salieran.
El sol resplandeciente del mediodía le vislumbraba en los ojos por lo que no le quedo otra opción que ponerse unas gafas de sol.
La arena salpicaba la defensa manchando la parte delantera de su automóvil y a su vez ralentizando la velocidad del vehículo.
Una inmenso muro de rocas apareció a su derecha, imponente por su altura y admirable por su belleza geológica.
Las montañas rojas, del desierto que ahora se estaba convirtiendo Terra Ferma, sustituían a las grandes arboledas que gobernaban antaño las zonas salvajes de este mundo.
Sin previo aviso, el suelo donde se sustentaba esta montaña desapareció inexplicablemente, y el gran escenario que contemplaba Elena con dulzura, se derrumbó y se perdió en lo más profundo de aquel agujero negro.
El derrumbe de la montaña provocó una tormenta de arena y rocas que causaron que Elena perdiera el control del todoterreno y sufriera un accidente espectacular, con trés vueltas de campana letales.
Por gracia del destino, Elena salió del armazón restante del vehículo ilesa, sólo con un par de rasguños de compensación.
Sus gafas estaban destrozadas, así que tuvo que protegerse del polvo que surcaba el aire con sus brazos, hasta que unos minutos después todo volvió a la normalidad.
Elena empezó a poder vislumbrar el entorno a su alrededor y enfrente suya vio a un anciano, de unos 70 años, con un traje elegante cubierto desde los hombros hasta más o menos la altura de las rodillas por una bata blanca.
Estaba claro de que se trataba de un hombre de ciencia.
Elena se acercó al viejo:
-¿Qué quieres?
-Hotel San Marcos, cerca de la avenida Figueroa, habitación 423.
-¿Creía que mi contacto me daría la dirección?
-Es demasiado arriesgado confiar en alguien que tenga la más mínima sospecha de tus acciones.
-Entonces, ¿Qué debo hacer ahora?
-Lo más importante que debes hacer es, usando los métodos que sean necesarios, conseguir que Tomás Campos llegue sano y salvo al Ágora de Gea y como objetivo secundario debes eliminar a tu contacto lo antes posible.
-Señor. ¿Por qué me entrega su dirección ahora y no después de que haya realizado la misión?
-Todos nosotros necesitamos incentivos con cierta frecuencia para mantener nuestra confianza intacta, además sabe que esta misión es de vital importancia y no creo que abandone ahora.
-Le agradezco su fe en mí señor.
-Buena suerte señorita Reyes.
Después de que la conversación que mantuvo con Elena finalizara, el anciano desapareció entre las dunas del desierto.
Elena se quedó un rato de pie donde estaba, observando el agujero negro de unos 4 km de diámetro que se extendía donde antes estaba la montaña.