Los presos del módulo 5 estaban descontentos, desde hace 2 meses les alimentaban a base de gachas y patatas.
Ya era hora de cambiar las cosas, esa dieta fuera al principio un castigo para los presos conflictivos que habitualmente los tenían que encerrar en celdas acolchadas, alejados de los demás.
Pero ahora ese plato se había convertido en una tradición a la hora de cenar en la cárcel de máxima seguridad más aterradora de toda Rusia.
Los presos protestaban deshaciendo rollos de papel higiénico y tirándolos a los pasillos a través de los barrotes de sus celdas, aunque al mismo tiempo armados con sus cepillos de dientes, su ropa o con sus propias manos, golpeaban todo lo que podía crear un estruendo insoportable en todo el módulo 5.
Los guardas alarmados por todo ese estruendo se dirigieron ipso facto, armados con sus porras reglamentarias hacia los pasillos repletos de papel higiénico por el suelo.
-¡CALLÁOS TODOS, O OS JURO QUE LO LAMENTAREIS!
El incríble grito del líder de los guardas silenció a los presos durante un momento, parecía que se habían asustado de la reacción del jefe, pero unos segundos después volvieron a realizar su pequeña revuelta con más decisión.
Los guardas llegaron al límite de su paciencia, y empezaron a golpear con sus porras a todo aquel preso que estuviera lo suficientemente cerca de los barrotes como para poder alcanzarle.
Justo cuando el jefe de los guardas estaba a punto de dar la orden de que se abrieran las celdas y pudieran acabar con esto de una vez las luces del todo el módulo se apagaron.
Todo el mundo se quedó en silencio, como esperando a que volviera la luz para poder continuar con su conflicto pero cuando la luz volvió lo hizo en una extraña sucesión de colores:
Verde-Rojo-Verde-Verde-Rojo.
Esta secuencia se alargó durante unos 40 segundos y todos los seres humanos del módulo 5 se desmayaron en cuanto acabó la secuencia de inmediato.
Después toda la estancia quedó cubierta por una luz violeta.
El Demiurgo apareció caminando desde el fondo del pasillo acompañado por los empleados de Genimus que le habían acompañado en su viaje a Siberia.
Llevaban todos puestos unas gafas de sol con unos cristales especiales que debido al material del que estaban hechos, repelían la luz con la determinada longitud de onda de esos específicos colores.
Uno de los hombres Del Demiurgo se acercó al cuerpo inconsciente del jefe de los guardas, se inclinó hacia su cabeza y la introdujo en un escáner cerebral portátil que llevaba consigo en una maleta.
-El enlace ha ocurrido con éxito señor, su conexión con Terra Ferma es estable.
El Demiurgo acarició su abrigo de piel, perfecto para las temperaturas extremas de esa parte de Rusia y con una sonrisa en su rostro contestó:
-Parece que hemos encontrado una manera de conectarse al programa sin utlizar las gafas holográficas.
Otro de sus hombres que se encontraba de pie a su lado, recibió un mensaje de texto en su Blackberry.
-Señor Campos, parece que el gobierno chino acaba de autorizar a Genimus el acceso a la Ciudad Prohibída.
-Llame al piloto y dígale que cambie el rumbo preestablecido, ahora mismo nos vamos a Pekín.
-Como usted quiera señor.
-Y dígale de mi parte al señor López, que su ayuda ha sido crucial para el futuro de nuestra empresa.
El empleado asintió con la cabeza y se dirigió a la salida del módulo.
-Señor, desconectamos su conexión con Terra Ferma.
-No Boris, quiero ver durante el tiempo que tardemos en llegar a China el estado de su conexión.
-¿Va a dejarlos durante horas así?
-Es necesario.
Dicho esto, El Demiurgo hizo una señal con su mano al resto de sus empleados y todos salieron del módulo 5 rumbo al aeropuerto.
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