Elena estaba montada en su todoterreno preparado para recorrer el desierto, se dirigía hacia la Biblioteca donde pensaba recoger a Usutu y a Tomás en cuanto salieran.
El sol resplandeciente del mediodía le vislumbraba en los ojos por lo que no le quedo otra opción que ponerse unas gafas de sol.
La arena salpicaba la defensa manchando la parte delantera de su automóvil y a su vez ralentizando la velocidad del vehículo.
Una inmenso muro de rocas apareció a su derecha, imponente por su altura y admirable por su belleza geológica.
Las montañas rojas, del desierto que ahora se estaba convirtiendo Terra Ferma, sustituían a las grandes arboledas que gobernaban antaño las zonas salvajes de este mundo.
Sin previo aviso, el suelo donde se sustentaba esta montaña desapareció inexplicablemente, y el gran escenario que contemplaba Elena con dulzura, se derrumbó y se perdió en lo más profundo de aquel agujero negro.
El derrumbe de la montaña provocó una tormenta de arena y rocas que causaron que Elena perdiera el control del todoterreno y sufriera un accidente espectacular, con trés vueltas de campana letales.
Por gracia del destino, Elena salió del armazón restante del vehículo ilesa, sólo con un par de rasguños de compensación.
Sus gafas estaban destrozadas, así que tuvo que protegerse del polvo que surcaba el aire con sus brazos, hasta que unos minutos después todo volvió a la normalidad.
Elena empezó a poder vislumbrar el entorno a su alrededor y enfrente suya vio a un anciano, de unos 70 años, con un traje elegante cubierto desde los hombros hasta más o menos la altura de las rodillas por una bata blanca.
Estaba claro de que se trataba de un hombre de ciencia.
Elena se acercó al viejo:
-¿Qué quieres?
-Hotel San Marcos, cerca de la avenida Figueroa, habitación 423.
-¿Creía que mi contacto me daría la dirección?
-Es demasiado arriesgado confiar en alguien que tenga la más mínima sospecha de tus acciones.
-Entonces, ¿Qué debo hacer ahora?
-Lo más importante que debes hacer es, usando los métodos que sean necesarios, conseguir que Tomás Campos llegue sano y salvo al Ágora de Gea y como objetivo secundario debes eliminar a tu contacto lo antes posible.
-Señor. ¿Por qué me entrega su dirección ahora y no después de que haya realizado la misión?
-Todos nosotros necesitamos incentivos con cierta frecuencia para mantener nuestra confianza intacta, además sabe que esta misión es de vital importancia y no creo que abandone ahora.
-Le agradezco su fe en mí señor.
-Buena suerte señorita Reyes.
Después de que la conversación que mantuvo con Elena finalizara, el anciano desapareció entre las dunas del desierto.
Elena se quedó un rato de pie donde estaba, observando el agujero negro de unos 4 km de diámetro que se extendía donde antes estaba la montaña.
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