Elena estaba apoyada en la barandilla donde se encontraba siempre con su informador, pero esta vez había elegido la hora de la reunión en un momento determinado en el que sabia que el puente estaría desierto.
Miró hacia los lados para comprobarlo, pero no se equivocó, no había ninguna alma deambulando por allí.
Su informador, vestido igualmente con gabardina y sombrero se acercó a Elena:
-Dijiste que tenías que decirme algo muy importante.
-Sí, El ya está de camino hacia el Ágora de Urano, ya falta muy poco para que la encuentre.
-Genial, creo que ya se ha vuelto imparable como dueño de Genimus, ¿Alguna otra mala noticia?
-Bueno, no escuchaste mi consejo sobre tu vestuario.
El informador se rió, después de lo que había pasado, esa mujer aún conservaba su sentido del humor.
-A lo mejor la próxima vez.
-No creo que nos volvamos a ver, amigo mío.
-¿Ya no le soy útil, verdad?
-No, me pidió que no dejara ningún rastro.
-Entiendo, te echaré de menos Elena.
Elena dudó al mirar a los ojos de su compañero de barandilla, puede que no fuera realmente necesario, pero esas decisiones no le correspondían a ella, tan sólo tenía que ejecutarlas.
Golpeó su pecho con la mano abierta y luego con una presión y fuerza muy concreta le pegó en 4 puntos estratégicos alrededor de su corazón.
Al informador casi ni le dió tiempo a agarrarse el pecho antes de caer al suelo, muerto.
Elena inspiró con fuerza, una gran bocanada de aire entró en sus pulmones, aclarando sus ideas.
Recogió el cuerpo del suelo y lo arrojó hacia el otro lado de la barandilla.
Cuando alguien descubra el cadáver arrastrado por la corriente del rio hacia el norte, pensarán que fue un suicidio o que murió de un infarto natural cuando estaba demasiado cerca de la barandilla del puente.
Elena se dispuso a marcharse de allí no sin antes cuestionarse los motivos que llevaron al anciano a tomar esta decisión y a ejecutarla a través de ella.
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