sábado

Capitulo 31-Cielo Rojo

El Adivino se levantó de su cama, una cama hecha de piedra que se encontraba en lo alto de la montaña, desde donde podía vislumbrar todo la extensa selva de esa parte de Terra Ferma, ahora convertida en un desierto.
Pero esta vez la arena del desierto tenía un color extrañamente verdoso, y el cielo estaba pintado de un color rojo muy intenso, como el color de la sangre.
De repente el Adivino apareció en medio de la ciudad de Sidney, en lo alto del palacio de la ópera.
Y al alrededor de éste edificio, se veía el desierto de Terra Ferma que se perdía en el horizonte.
El Adivino se asustó, porque miles de personas empezaron a correr hacia donde estaba, y al situarse en la base del palacio de la ópera, se arrodillaron y empezaron a rezar.
En ese mismo momento la ciudad de Sidney apareció en su totalidad, pero abandonada y descuidada al verse sus calles cubiertas totalmente de arena.
A lo lejos en diversos puntos del desierto al igual que Sidney, aparecieron las ciudades de Nueva York, Pekín, Moscú, Madrid.... Y muchas más.
Se situaban entre sí formando una circunferencia, y en el centro de aquel círculo de arena que separaba las distintas ciudades, se levantaba una gigantesta pirámide maya.
Construida de piedra antigua y con uno de sus bordes escalonados hasta la cima.
Y allí en lo alto se veía una máquina, de unos 6 metros de altura, hecha de metal y constituida en 2 partes, la superior, parecida a un gigantesco bloque de acero que en su parte inferior salían dos tubos de metal del tamaño de dos brazos humanos.
Desembocaban en un espacio vacío de unos 2 metros de altura, aproximadamente de la altura de un hombre adulto, y en la parte inferior se encontraba otro bloque de acero, pero esta vez más redondeado, apoyado en el suelo de la cima de la pirámide, por tres patas del mismo metal que los bloques, formando un trípode.
El Adivino se sorprendió al ver a un hombre, aproximadamente de unos 35 años aparecer en la cumbre y situarse en el espacio vacío de la máquina.
En cuanto lo hizo un rayo de color violeta salió disparado desde la máquina hacia el cielo, y en cuanto tocó las nubes todo ese escenario que apareció ante el Adivino desapareció, devolviéndole a su hogar en Terra Ferma, aparentemente con la total normalidad.
El Adivino había sufrido alucinaciones y premoniciones bastante vívidas desde que llegó a Terra Ferma, de hecho ése era su trabajo.
Pero esta vez había sido distinto, fue demasiado real como para dejarlo pasar sin más.

Capitulo 30-Paseando al Jefe

Usutu se despertó repentinamente, el sonido del teléfono se apoderó de la habitación, derrotando el dominio que el silencio poseía por la noche.
Usutu llevaba conectado a Terra Ferma mucho más tiempo del que estaba acostumbrado, y lo único que deseaba al volver al mundo real, era dormir lo máximo que pudiera.
Pero su suerte terminó con aquella llamada.
-¿Diga?
-Señor Bangalí, me temo que sus vacaciones acaban de terminar esta mañana, necesitamos que se presente a las 11:00 AM en la puerta principal del hotel San Marcos, Genimus quiere que ahora trabaje para El.
-No se preocupe señor, allí estaré.
Usutu se duchó y se aseó con una especial antención, no quería causar a su nuevo jefe una mala impresión el primer día.
Después se acercó a su armario y se vistió con su uniforme, hacía mucho tiempo que no sentía el tacto de aquel traje sobre su piel.
Salió de su casa y con gran rapidez se dirigió al garage de la sede central de Genimus.
El guardia de seguridad observó como Usutu llegaba a la puerta, y cuando se situó bajo la camara de seguridad mostró su tarjeta de identificación de Genimus.
La puerta se abrió y Usutu entró en el garage por la puerta trasera, al pasar por la cabina donde estaba el guardia lo saludó con la mano.
-Parece que se te acabó la buena vida Usutu.
-Siempre es horrible la vuelta al cole.
Usutu al girar la cabeza pudo observar como el guardia esbozaba una sonrisa.
La limusina que Genimus le había prestado, resplandecía en comparación con los demás coches de aquel garage.
Era el vehículo más bonito que Usutu había visto en su vida.
Recogió las llaves que sus superiores dejaron escondidas detrás de la rueda derecha trasera, y entró en el vehículo.
Salió del garage y se dirigió atravesando la avenida Figueroa hacia el hotel San Marcos.
Aparcó cerca de la entrada principal y miró su reloj de pulsera, eran las 10:59, había llegado a tiempo.
Salió de la limusina y se dirigió a la puerta principal,
A los pocos segundos se abrieron las puertas de cristal de la entrada principal del hotel y apareció su nuevo Jefe.
Estaba vestido con un traje negro impecable, seguramente valía más dinero que todo su piso.
-¿Señor Bangalí?, Tengo entendido que es mi nuevo chófer.
-Así es Señor, si me permite, déjeme acompañarle hasta su limusina.
Usutu con la cortesía y educación que le correspondía debido a su trabajo, le abrió la puerta trasera de la limusina a su jefe.
El Demiurgo entró en el coche y acto seguido Usutu se posicionó a los mandos del vehículo.
-¿A dónde quiere que le lleve Señor?
-A la sede central de Genimus por favor.
Usutu arrancó el coche y se dirigió de vuelta a Genimus.
-Perdone mi pedantería señor Bangalí pero quería saber si era tan eficiente en su trabajo como me habían asegurado, y veo que es cierto.
-Gracias Señor, hago lo que puedo.
-Por favor llámeme Tomás.
-¿Tomás?
-¿No le gusta mi nombre?
-Sí claro Señor, es que mi tío se llama igual que usted.
-Bueno, el mundo es un pañuelo.
Usutu se tensó al oír el nombre del nuevo dueño de Genimus.
¿Sería sólo una coincidencia?
La verdad es que ese hombre no se parecía en nada al Tomás de Terra Ferma, tenía el pelo de color negro y los ojos verdes.
-¿Cómo se llama usted, señor Bangalí?
-Usutu Señor.
-Usutu ¿Qué le he dicho?
-Perdón, Tomás.
El Demiurgo sonrió, su chófer parecía un hombre íntegro.
-Permíteme que le pregunte una cosa Usutu ¿Es usted usuario de Terra Ferma?
-No lo soy, supongo que mi estatus en la empresa no me permite tener acceso al programa, además no podría permitírmelo.
-¿Y eso?
-Me divorcié hace 3 años, tengo que pagar las pensiones de mis 2 hijas pequeñas, más la hipoteca del piso.
.Bueno Usutu, no se preocupe, una llamada mía desde esta limusina a los responsables de venta de la empresa, le conseguiría su par de gafas holográficas en cuestión de minutos.
-Muchas gracias Tomás, pero creo que no puedo aceptar su oferta.
El Demiurgo confirmó sus sospechas, ese hombre era de confianza.
-¿Usted era anteriormente el chófer del señor Campos verdad?
-Sí, fue un gran ejemplo a seguir para todos.
-Tiene razón, espero no ensuciar la reputación de mi padre.
¿És el hijo del señor Campos?
-Heredé sus acciones hace poco.
Ahora sí que se habían complicado las cosas, ese hombre no sólo se llamaba igual que Tomás, si no que tenía el mismo apellido.
El edificio de Genimus apareció en el parabrisas de la limusina.
-Déjeme ya aquí, Usutu.
Usutu se acercó al bordillo de la acera y detuvo el coche.
El Demiurgo salió de la limusina y antes de dirigirse hacia la puerta de Genimus, se acercó a la ventanilla de Usutu.
-Me ha encantado conocerle Usutu, no se preocupe más por mí hoy, puede tomarse el resto del día libre.
-Muchas gracia Tomás, ha sido un placer para mí también.
El Demiurgo y Usutu se estrecharon la mano a través de la apertura que dejó la ventanilla al bajarse.
Finalmente, El Demiurgo entró en la sede de Genimus.