jueves

Capitulo 27-La Aguja marca el Camino

Usutu se introdujo lentamente por el pasadizo secreto de la Biblioteca, seguido de cerca por Tomás.
Nada más entrar Usutu encontró apoyada en la pared de la derecha una antorcha preparada ya para ser encendida.
-Supongo que tendrás fuego ¿No?.
Usutu sacó un mechero del bolsillo de sus pantalones de camuflaje y encendió la antorcha.
-Un hombre precavido siempre está preparado para cualquier situación.
Tomás soltó una mueca de asentimiento y se dispuso a seguir a Usutu a través del angosto pasadizo.
Bajaron por él durante un rato sorteando la abundante cantidad de telarañas que nacían del techo junto a las rocas que entorpecían su camino por ese pasillo.
Finalmente llegaron al final de ese corredor donde encontraron una sala enorme, donde un rayo de luz la iluminaba desde su origen, en el punto más alto del techo.
En el centro de la luz se encontraba un atril de piedra, con un precioso cojín rojo en su parte superior que sujetaba un pequeño objeto, demasiado diminuto para que Tomás o Usutu pudieran verlo desde donde estaban.
La sala se encontraba debajo de sus pies, a unos 6 metros por debajo del decrépito corredor, una altura bastante peligrosa.
-Parece, Tomás, que vamos a tener que bajar hasta allí.
Tomás se inclinó al saliente donde acababa el pasillo.
-¿Estás loco, has visto la caída que hay?
Usutu con una sonrisa maliciosa le contestó:
-Bueno, ahora sí que he encontrado algo por lo que puedes serme útil.
Y antes de que Tomás pudiera pronunciar una sola palabra, Usutu le empujó al vacío.
Tomás cayó como una piedra hacia el fondo, rompiéndose la columna al impactar contra el suelo, pero antes de que pudiera dar su primer grito de dolor, ésta se regeneró en cuestión de segundos.
-Muy gracioso, te debo una.
-Me la apunto.
Tomás se erguió del suelo con lentitud, sorprendido por su falta de dolor, y se dirigió hacia el atril.
A su alrededor pudo observar que las paredes que rodeaban la estancia de forma circular, estaban cubiertas por bellos dibujos que representaban los antiguos mitos de la cultura griega.
La historia de Prometeo, la de la guerra de Troya, Los trabajos de Heracles, La lucha de Perseo contra Medusa y muchas más.
Cuando Tomás llegó al atril, vió el pequeño objeto hundido en el cojín.
Era una brújula de bronce, bastante antigua, supuestamente del mismo tipo que usaban los barcos romanos cuando navegaban por el Mediterráneo.
Pero ésta brújula era distinta de todas las demás, no llevaba los puntos cardinales marcados, y a Tomás no le pareció que marcara el Norte.
Tomás cogió la brújula y se dirigió hacia Usutu:
-La tengo, es una brújula.
Usutu se quedó pensativo un momento.
-Genial, espera un momento que voy a buscar una cuerda.
Tomás se quedó mirando los grabados de las paredes hasta que regresó Usutu y le arrojó una cuerda, por la que subió de nuevo al pasadizo.
Usutu y Tomás subieron por el pasadizo de vuelta y acabaron en el vestíbulo destruído de la Biblioteca.
-Déjame verla.
Tomás le entregó la brújula a Usutu.
-¿No había nada más allí abajo?
-No, sólo unos grabados de mitos griegos.
-Entonces es ésto lo que ella quería desde el principio.
-Si le echas un vistazo, no parece que marque el Norte.
-No, esta Biblioteca se encuentra muy al Sur de Terra Ferma, y esta brújula señala hacia el Oeste, si no recuerdo mal la posición del Sol al mediodía.
-¿Entonces a dónde señala?
-A dónde diablos sea que quiera ir Elena.
El walkie-talkie de Usutu emitió un pitido, y éste se alejó un poco de Tomás y contestó al receptor del otro lado.
-Elena nos está esperando cerca de aquí con unos caballos, ¡Vámos!
-¿Caballos, no podría recojernos con un todoterreno o algo así?
-Sí pero creo que ha tenido algunos problemas.
Dicho ésto, Usutu y Tomás salieron de la Biblioteca saltando por encima de los fragmentos restantes de su anterior gran portezuela.

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