Usutu observó la gran portezuela de la Biblioteca, completamente destruída por los saqueadores que penetraron en el hogar del Demiurgo en cuanto éste desapareció.
Yacía despedazada en el suelo, a Tomás por poco le dió lástima, ¡Con lo que le había impresionado a él en el momento que llegó a Terra Ferma!.
Usutu y Tomás entraron en la estancia con cuidado, sorteando los escombros que ahora reinaban en la sala.
Tódo lo que había sido anteriormente la gran Biblioteca estaba ahora abandonado y despedazado por el suelo: Los cuadros de las paredes estaban tirados y rasgados, las maquetas de modelos científicos estaban rotas en pedazos, las estanterías llenas de libros estaban fragmentadas por todos sus angulos posibles, y miles de filas de ellas estaban tumbadas de tal forma que quedaba claro que las habían tirado a propósito de crear un efecto dominó.
Tomás pensó que si su nuevo amigo estaba allí para buscar algo, era muy probable que algún ladrón se lo hubiera llevado antes.
-¿Crees que lo que quieres encontrar aquí aún sigue en algún lugar de este desastre?
-¿Cómo sabes que estoy buscando algo? Yo no te he dicho nada.
-Elemental, ¿Por qué razón alguien querría venir aquí si sabe que no hay nadie?
-Buena respuesta, ¿Fue aquí donde ese viejo te dejó inconsciente no?
-¿Cómo sabes eso?
-Elena me lo dijo.
-¿Elena?
-La mujer que abatió a esos hombres y la que te entregó las gafas holográficas.
-De modo que tú sabías todo lo que me ha pasado desde el principio.
Usuto sonrió disimuladamente y empezó a caminar seguido de Tomás hasta la pared de la izquierda de la Biblioteca.
-¿Cómo te llamas? Me acabo de dar cuenta de que no sé nada de ti, y eso no es justo.
-Me llamo Usutu y formo... perdón formaba parte de un grupo de operaciones, digamos un tanto especiales.
-¿Quieres decir que eres un criminal?
-No, yo trabajaba para criminales, éstos cuando querían que les consiguiese cualquier tipo de información que protegían diversas organizaciones, como:
Direcciones de campamentos militares, códigos de activación de bombas nucleares o simplemente transcripciones de conversaciones telefónicas que realizaban en Terra Ferma, me llamaban y yo realizaba el trabajo en tiempo récord, por eso mi equipo era el mejor.
Tomás no se creía lo que estaba oyendo, ese hombre le acababa de confesar sus negocios turbios, o confiaba en el lo suficiente para compartir esa información o estaba realmente loco.
-¿Pero algo cambió ultimamente ,no?
Usuto se sorprendió, cualquiera después de escuchar éso saldría corriendo de allí, pero Tomás se sentía interesado en su persona, tal vez su recien descubierto don inmortal le estaba convirtiendo en un temerario.
-Hace unos 4 días, contactó conmigo una mujer que declaraba ser la responsable de la seguridad onírica de Genimus.
Yo por supuesto me negué a hacer ningún tipo de negocios con ella, no era de fiar y mi equipo tambien se negaba.
-Pero ella encontró la forma de convercerte.
-Exácto, me ofreció a cambio de su misión una suma de dinero que superaba los 20 dígitos, mi futuro estaría resuelto y el de mis compañeros tambien.
¿Cómo iba a negarme?
-¿Y quién era esa mujer?
-Elena.
Tomás sintió que por primera vez las piezas empezaban a encajar, esa mujer no sólo lo había planeado todo, si no que tambien parecía tener recursos ilimitados.
-¿En que consistía la misión?
-En una aunténtica operación suicida, penetrar en los dominios Del Demiurgo y robarle su más importante posesión, que resguardaba en alguna sala secreta de su Biblioteca.
-¿El Demiurgo?
-Si, era un ser misterioso que regía Terra Ferma, nadie sabe exactaménte que és pero todo el mundo lo teme y lo respeta lo suficiente como para acatar sus reglas sin ofrecer ninguna oposición, pero hace poco ha desaparecido.
A Tomás le sobrevino otra revelación, aunque ésta no era tan agradable como la anterior,
-Espera, ¡Ese maltido anciano era El Demiurgo!
-Sí, y no se que te hizo cuando te tocó, pero ahora ya no está en Terra Ferma, y el programa se está derrumbando.
-Si Elena te habló de mi encuentro con El, debe saber más que nosotros.
-Esa mujer cada vez parece más peligrosa, una vez que mi equipo fue masacrado por esa cosa, apareció en mi apartamento y me dijo que te protegiera, que eres el único que puede salvar Terra Ferma.
-¿Yo?, Vamos, lo único que quiero es escapar de este lugar, me da igual que vuestras pesadillas desaparezcan Usutu, me prometiste que me ayudarías a salir de aquí,
Usutu iba avanzando pegando su mirada a la pared de la Biblioteca hasta que vio un grabado de Gea, la personificación de la Tierra según la mitología Griega.
-¿Qué ocurre?, Dijo Tomás al ver a Usutu detenerse repentinamente.
-Por este dibujo sacrificaron todos mis hombres sus vidas.
-Pero ellos estan despiertos en el mundo real, no están muertos.
-Para mí están muertos.
Usutu en cuanto pronunció estas palabras presionó hacia dentro el grabado de Gea y un fragmento de la pared se movió hacia la derecha descubriendo un pasadizo secreto.
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