Samuel entró en su laboratorio y recostó al niño en el sillón donde estaba colocada la lámpara, cogió unas jeringuillas llenas de drogras estimulantes y las inyectó en el brazo del chaval.
Éste se despertó de inmedato,sólo para ver como unas luces verdes y rojas le caían sobre sus ojos.
De repente el niño se encontró en medio de una Biblioteca, muerto de miedo, entonces escuchó un sonido en su espalda, se dio la vuelta y salió corriendo hacia un hombre con una bata blanca, que le miraba fijamente.
Antes de que pudiera alcanzarlo, el hombre le encerró en la Biblioteca deslizando una valla negra entre los 2.
El niño se agarró a ella con fuerza, mientras forcejeaba para conseguir abrirla, pero no pudo.
-¿Quién es usted? ¿Y mi madre? ¿Por qué no me deja salir?
-Lo siento, pero tienes que quedarte aquí, no existe otra forma.
-¿Otra forma para qué?
-Para que pueda recuperar a mi hijo.
El niño observó que aquel hombre le estaba cogiendo de la mano a otro niño de su edad, era rubio de ojos azules.
-¡Pero no puede dejarme aquí!
¡Tengo que volver a mi casa, mi hermana me está esperando!
-Lo siento mucho, de verdad.
-Pero, ¿Por qué?
-Porque sólo aquellos que se arriesguen a ir demasiado lejos, podrán saber lo lejos que pueden llegar.
-Éscucheme señor, le prometo que algún día encontraré la forma de salir de aquí, escaparé y usted no podrá hacer nada para detenerme.
Samuel, cogiendo de la mano a Tomás, se dio la vuelta y se dirigió al mundo real, mientras aquel niño gritaba en vano:
-¡NO PODRAS RETENERME AQUÍ SIEMPRE!
¡ALGÚN DÍA SALDRÉ DE ESTE LUGAR!
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