Samuel se sentó en su silla preferida del laboratorio, donde empezó a estudiar compulsivamente miles de papeles durante horas.
La puerta del laboratorio se abrió y entró el ayudante de Samuel.
-Jefe no debería estar aquí, vuelva a casa con su mujer.
-Casi lo he conseguido Adrián, ¡Creo que ya lo tengo!
-¿De qué está hablando señor?
-Todos somos energía hijo, estamos compuestos de átomos, y cada átomo en su mayor parte está compuesto de energía, una energía que une sus componentes y da forma a la materia del universo.
Como bien sabrá la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma.
Por lo que cuando un ser vivo muere, únicamente su cuerpo deja de existir, pero su conciencia, su alma, la energía que le da vida no desaparece, si no que va hacia otro lugar desconocido.
Así que se puede encontrar una forma de recuperarla, de traer de vuelta a alguien que ha muerto.
He sintetizado un compuesto solubre en líquidos, que funciona como un electroimán que puede captar y atraer esa energía.
-¿Está hablando de un imán captura-almas?
-Sí, creo que dije eso.
El ayudante de Samuel acompañó a su jefe al otro lado del laboratorio.
-He traído de mi casa el cepillo de dientes de mi hijo, puede que con su ADN pueda captar la energía única de su conciencia, identificarla y traerla de vuelta.
Pero para que pueda sobrevivir tengo que encontrar un huésped biológico, animal para ser más exacto, con un cerebro lo más parecido al del Homo Sapiens Sapiens, para que la conciencia de mi hijo se transfiera a su nuevo cuerpo sin ningún problema.
-Jefe lo que dice es una locura, y aunque fuera posible, no tenemos la tecnología posible para llevarlo a cabo.
Samuel miró a su ayudante con cara de odio, no porque dijera estupideces, si no porque tenía razón.
-Sólo aquellos que se atrevan a ir demasiado lejos, podrán saber lo lejos que pueden llegar.
-Jefe no se trata sólo de los medios, también de la ética, la ciencia no puede realizarse sin un sentido ético, esto no está bien, no tenemos ni idea de las implicaciones ni de las consecuencias que pueden aparecer en el futuro si ahora usted, resucita a su hijo.
No nos corresponde a nosotros modificar los procesos naturales del universo a nuestro beneficio, hay cosas en las que no debemos interferir, hay cosas que le pertenecen a Dios.
Samuel miró a Adrián con cara de desprecio mientras recogía su papeleo y le replicó:
-Siempre le consideré a usted como un científico, no como a un predicador religioso.
-Samuel, no...
-Cállese, ha terminado por hoy, puede irse.
Y justo cuando su ayudante estaba a punto de salir por la puerta, éste lo miró a los ojos con miedo, momento que aprovechó Samuel para decirle:
-¡Y sólo hay un lugar para un Dios en este laboratorio y no es para el suyo!
Adrián con lágrimas en los ojos, salió del laboratorio.
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