sábado

Capitulo 41-Seguir Adelante

Samuel y Olivia entraron en su hogar, mucho más vacío, triste y oscuro desde que su hijo ya no estaba.
Acababan de regresar del funeral de Tomás, el momento más duro de sus vidas, al que apenas habían podido soportar.
Se sentaron en la cama de Tomás, mirando sus viejos juguetes:
-No es justo Samuel, Tomás no.......
-Lo se, no merecía morir.
-Cada vez que pienso en la última vez que lo ví, simplemente no puedo recordar de que hablamos.
-Relájate mi amor, con el tiempo podrás recordar.
-¿Estás seguro?
-Quiero creerlo, pero lo que en realidad siento cada segundo desde que murió es....
Su mujer le interrumpió:
-Es como un agujero que se traga tu amor, tu compasión, tu felicidad, y en cambio sólo te deja sentir miedo, rabia y remordimientos.
En ese momento Samuel continuó con su idea:
-Que cada vez se hace más grande, rezas para que pare, para que todo se pare, para que la locura de este mundo, se pare.
Pero no lo hace, no lo hace.
-Samuel ¿Creés que era felíz?
-Sí lo era, le dimos todo lo que teníamos, todo nuestro amor, no pudimos darle una vida mejor de la que ya tenía.
-Pero era un niño muy solitario, estaba siempre en casa, rara vez lo llevábamos al colegio, prácticamente sus únicos amigos eran sus compañeros del equipo de ajedrez.
-Estaba siempre enfermo Olivia, puede que fuéramos demasiado protectores con él, pero no podríamos haberlo amado más, es imposible.
Olivia no paraba de llorar, no sólo por su dolor, si no también por el que su marido expresaba al hablar de Tomás.
Se levantó de la cama, besó la frente de Samuel y se fue a su cuarto.
Varias horas después una caricia en la mejilla despertó a Olivia de su sueño.
-Samuel, ¿Qué haces despierto a estas horas?
Y ¿Por qué tus manos están heladas y llevas tu abrigo puesto?
Samuel tan sólo cogió su mano y con delicadeza la levantó de la cama y la guió hasta el salón.
Ella se sentó en el sofá donde pudo ver un monitor de ordenador, sobre un carrito con ruedas.
Su marido estaba inclinado ante él, claramente encendiéndolo.
Una imagen apareció en la pantalla, el interior de una Biblioteca con el avatar de Tomás sentado en un escritorio, leyendo un libro.
Olivia sintió la presión del amor ahogando su pecho, inundando sus hojos, se levantó del sofá y se acercó a la pantalla:
-¿Qué es esto, qué significa?
No lo entiendo.
-Ésto es en lo que he estado trabajando Olivia, un mundo virtual basado en los sueños de las personas, el día anterior a que muriera, lo registré en el programa para que pudiera leer conmigo sus libros favoritos.
-¿Por qué no me dijiste nada?
-Tenía pensado hacerlo, pero luego todo pasó y......
Samuel se dió cuenta de que su mujer no le escuchaba, estaba absorta mirando los cabellos rubios de Tomás, idénticos a los suyos, a sus manos sujetando un libro, a su pequeño perdido.
Entonces Samuel apagó el monitor y la imagen de Tomás desapareció de la pantalla.
Olivia al ver esto se desesperó, se volvió hacia su marido y empezó a suplicarle:
-No, no, no, no, ¡Enciéndelo otra vez! ¡Quiéro verle otra vez!
¡QUIERO VERLE OTRA VEZ!
-Olivia, te he enseñado ésto porque quiero que sepas que existe un lugar, en el que una parte de él, una parte de su conciencia, de su alma, no se ha perdido, que hay un lugar en el que crecerá, vivirá y podrá ser feliz.
Sólo que no será aquí, con nosotros, y debemos aceptar eso, debemos pasar página.
Olivia miró a los ojos de su marido, aunque sus instintos le decían lo contrario, sabía que Samuel tenía razón, debía dejarlo ir.
Samuel vió como su mujer, sin pronunciar palabra, volvió a su cuarto, dejándolo solo en el salón.

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