Tomás abatido después de la entrevista, decidió entrar en una cafetería que se encontraba en unas calles más abajo de la sede de Genimus.
Se sentó en la mesa que estaba pegada a la cristalera, donde podía observar a las personas que cruzaban en ese momento la calle. Esa era una de las aficiones que tenia Tomás cuando se aburría, observar a la gente de su alrededor y intentar imaginar sus vidas.
Mientras Tomás mejoraba sus técnicas de observador se le acercó la camarera:
-¿Que va a tomar señor?
-Un agua del tiempo gracias.
En este caso era evidente la profesión de esta chica, una pena, si no hay dificultad no hay reto.
La puerta de la cafetería se abrió en ese instante y entro una mujer muy llamativa, tanto por su belleza como por su evidente estrés.
Sin previo aviso se acerco a Tomás y le pregunto:
-Perdone, puedo usar un momento su móvil, es que acabo de perder el mío.
Tomas confió en ella desde que se le acercó, algo le decía que no estaba mintiendo.
-Claro, aquí tiene.
La mujer apoyo su bolso en la mesa de Tomás y se pudo ver que le cayeron de él unas gafas de sol.
Tomás se acercó para devolvérselas mientras ella hacia su llamada pero la camarera apareció con el agua que le habían pedido.
-Perdonad un momento...
La camarera apoyó la botella y el vaso de agua al lado de Tomás, frustrando su intento de alcanzar las gafas.
Cuando la camarera por fin se marcho, la mujer le devolvió el teléfono a Tomás y con un leve gesto de agradecimiento, se marcho tan repentinamente como había llegado.
Tomás con una leve sonrisa en su rostro pensó que esa mujer seguramente trabajaría en algún hotel de recepcionista o algo por el estilo.
Solo cuando empezó a beber de su vaso de agua, se fijo en que las gafas de sol seguían apoyadas en la mesa.
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