Elena se acercó apresudáramente al pomo de la puerta, después de haber sufrido un día como aquel, tan largo y tedioso se había merecido un baño caliente.
Pero ese ocio tendría que esperar, entró rápidamente en su sala de estar y casi sin darse tiempo a pensar cogió el teléfono y marcó un número:
-¿Diga?
-Está hecho, ahora solo es cuestión de tiempo.
-Perfecto, acaba de realizar un gran acto en beneficio de Genimus y como le habíamos prometido, pronto le entregaremos su dirección.
-Eso espero señor....Eso espero.
Elena colgó bruscamente el teléfono y lo arrojó con un arrebato de ira contra el sofá.
Sabía que el remordimiento pronto haría acto de presencia así que tenía que aprovechar sus últimos días de paz, pero se consolaba pensando que todos estos medios valdrían la pena si alcanzaba el fin que deseaba.
Ahora ya no había vuelta atrás.
El grifo de la bañera ahogo con su sonido los pensamientos de Elena, que se diluyeron rápidamente con el resto de su autocompasión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario