Usutu estaba agotado, llevaba corriendo desde que empezó la tormenta aunque la selva tropical no era el lugar más idóneo para coger velocidad, debido a su espesura.
El peso de su metralleta le dificultaba sus movimientos, pero tenía que resistir porque detenerse a tomar el aliento aunque solo fuera por un instante no era una opción.
Su grupo había desaparecido, eliminado por EL, habían sido lo suficientemente estúpidos como para intentar penetrar en su territorio, y Usutu se quedo atrás para vigilar y cubrir a sus compañeros, compañeros que nunca volvieron.
La lluvia se volvía cada vez más pesada, con mas volumen, consiguiendo al final que el soldado resbalase y callera por una pendiente, para su suerte, no muy elevada.
Al levantar la cabeza, Usutu no sintió las gotas de lluvia golpeando su cabeza, si no un calor sofocante, asfixiante que le entraba por los oídos.
Después le cegó la luz del Sol, la luz más brillante que había visto en mucho tiempo.
El soldado se levanto pesadamente sobre la arena que se escondía debajo de su cuerpo, logrando alcanzar con sus ojos el horizonte......
El desierto se extendía ante él, y si no se movía pronto la temperatura de más de 50 grados que podía alcanzar ese lugar antes de que se diera cuenta lo mataría.
Por suerte vislumbro una cueva a lo lejos, tallada en una montaña rocosa que nacía de la arena.
Corrió hacia allí tan rápidamente como le permitía su cuerpo, y al llegar se sentó y se refugio del Sol.
Agotado, se dispuso a limpiar el cañón de su arma que estaba cubierto de arena cuando una sombra se abalanzó sobre su espalda y lo dejo inconsciente.
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