El Demiurgo observó, a través de sus gafas reflectoras, como los ultimos usuarios de Terra Ferma se conectaban al programa, entre ellos su hermana.
No le agradaba tomar decisiones difíciles por ella, pero esta situación lo requería, y su hermana era una de las personas que debido a su labor y sacrificio, más se merecían vivir en Terra Nova.
Se acercó a una puerta secreta y con la ayuda de sus retinas, accedió a el pasadizo secreto que había mandado construir, bajo las instalaciones de Genimus.
Una vez recorrido este pasillo subterráneo, llegó a la habitación que había preparado para guardar El Dispositivo.
El Demiurgo se sorprendió al verlo, la Máquina estaba emitiendo una luz azul muy brillante desde sus extremos, y producía un zumbido desconocido hasta entonces.
La explicación era muy sencilla: Tomás había activado ya su réplica en Terra Ferma.
El fue corriendo hasta el centro de la Máquina y, introdujo sus extremidades en los tubos de metal, que formaban junto al espacio vacío, la parte central del Dispositivo.
Entonces, despejó su mente de cualquier pensamiento supérfluo, concentrándose en lo único que le había mantenido con vida, a salvo, en su prisión virtual.
Un pensamiento, una simple idea, un único deseo:
-Únicamente quiero vivir en un mundo regido por nuestros sueños.
El edificio de Genimus se vino abajo, al ser atravesado por un rayo violeta que voló hasta el cielo, tiñéndolo de rojo, mientras el desierto de Terra Ferma iba tragándose las calles de la ciudad.
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