Tomás se despertó en una sala totalmente a oscuras.
Debido al eco que causaba el sonido de su respiración, la habitación tendría un tamaño bastante grande, pero la oscuridad que pintaba la estancia imposibilitaba ver sus límites.
Tomás se levantó del suelo y miró a su alrededor, solo había al alcance de sus ojos un rayo de luz que provenía del techo, un rayo que iluminaba una mesa con dos sillas.
En una de ellas estaba sentado Usutu, con la cabeza apoyada entre sus brazos.
Tomás se acercó a la luz y se sentó en la silla vacía, enfrente de Usutu.
-¿Estas bien, Usutu?
-Mira el dibujo que está grabado en la superficie de esta mesa Tomás.
-Um, es una rosa azul......¿Qué quieres decir con esto?
¿Por qué es importante para ti una mesa con una rosa azul pintada en ella?
Usutu alzó la vista hasta que la colocó a la altura de los ojos de Tomás, mirándolo fijamente con una tristeza inusual en él:
-Cuando era pequeño Tomás, mis padres se mudaron a tu país desde Kenia.
Yo solo tendría unos 5 años cuando, en los primeros meses que vivimos en un país, totalmente diferente al nuestro, con un sistema de valores, de principios, demasiado apático para gente de nuestra cultura; Todo.....Ocurrió.
-¿Qué ocurrió Usutu?
- Un día, mis padres me llevaron a una cafetería cerca de nuestra casa para desayunar, no nos estaba siendo fácil adaptarnos a vuestra forma de vivir y entreotras muchas cosas, intentábamos acostumbrarnos a vuestros desayunos occidentales, llenos de componentes que pueden hacerte explotar el corazón.
Entonces un montón de niños pequeños, de mi misma edad, entraron por la puerta corriendo y gritando sin ningún pudor, mientras el que iba en cabeza, sujetaba y balanceaba con sus brazos un trofeo.
Se sentaron al otro lado de la cafetería, con su entrenador, un adulto al que le faltaban al respeto constantemente, una auténtica vergüenza para cualquier persona sensata.
Mi madre, dejó de mirar esa escena y me dio un poco de dinero, para que fuera a comprar el periódico al quiosco de la esquina.
Yo por supuesto accedí enseguida, no podia negarme aunque quisiera, yo no era como esos niños y mucho menos quería que mis padres lo pensaran.
A Tomás poco a poco, mientras la historia de Usutu iba deslizandose por sus oídos, se le estaba formando un nudo en la garganta.
-Compré el periódico y..... Escuché un estruendo, la cafetería acababa de volar por los aires y mis.....Murieron.
Usutu rompió a llorar al mencionar el destino de sus progenitores, claramente esta experiencia le había marcado desde entonces.
-¡Y ahora me despierto aquí y veo esta mesa, esta mierda de mesa, como si el destino se estuviera riendo de mí sin ningún motivo!.
Tomás se quedó callado unos minutos, dejando que Usutu se desahogara un poco, luego lo miró a los ojos y con una entereza que desconocía en él, contestó:
-Usutu, puede que haya un motivo para que esta mesa esté aquí ahora, puede que haya una razón para que tú estes ahora conmigo en El Ágora de Gea.
Tal vez no es solamente el mundo lo que debemos salvar, quizás detener al Demiurgo sólo sea parte de un plan.
Un plan que nos ha traído aquí, a tí y a mí para que fueramos capaces de cambiar las cosas, para conseguir el valor moral necesario de pensar lo impensable, de hacer lo que está prohibido.
Así que lo más importante que debemos hacer es averiguar la manera de salvarnos a nosotros mismos, para que después, podamos salvar el mundo.
-Tomás, me he pasado la vida intentando ser el hijo que mis padres merecían tener, el mejor preparado, el más inteligente, el más valiente y el más fuerte.
Me he esforzado mucho para conseguir vivir aprovechando todo mi potencial, para evitar que el miedo o la inseguridad me controlaran como a la mayoría de las personas, que he conocido en mi vida.
Espero que....Donde quiera que ellos estén ahora, puedan saber cómo es el hombre en el que me he convertido, y quiero, necesito saber si están orgullosos de mí, si he respetado su memoria como ellos se merecen.
Les he pedido una señal, una Rosa Azul, y cuando la reciba, quizás...Entra dentro de lo posible, pueda perdonarme a mi mismo, dejar de sentirme culpable por haber sobrevivido a esa explosión, y finalmente, quizás pueda pasar página.
-Esta es tu señal Usutu, lo acabas de decir, una Rosa Azul.
¡ Has sido perdonado! Estoy seguro que tus padres no podrian estar ahora más orgullosos de tí, después de lo que has hecho por ellos, por su memoria.
Usutu asintió y de repente, toda la habitación se convirtió en esa cafetería.
Tomás se encontró sin ninguna explicación al otro lado de la cristalera que mostraba la vida dentro de la Rosa Azul, observando como Usutu, aun sentado en esa mesa, era engullido por una lengua de fuego, provocada por la explosión de un arnés bomba, atado a un hombre encapuchado.
Tomás gritó al ver esta escena y todo el escenario desapareció convertido en humo, que cuando se disipó, mostraba unas escaleras que llevaron a Tomás, hasta la cumbre de una pirámide escalonada.
Allí se encontraba El Dispositivo, una gigantesca máquina de metal que en su parte central, existía un hueco de la altura de Tomás, con unos tubos de metal colocados simétricamente en ese espacio vacío, que permitieron a Tomás introducir sus brazos y sus piernas dentro de ellos, formando una versión futurista del Hombre del Vitrubio.
Tomás, una vez colocado en la Máquina, cerró los ojos y impidió a su mente divagar en absoluto, dejando solo una idea, un pensamiento, un deseo en libertad:
Únicamente quiero vivir en un mundo real.
Un rayo de color violeta cruzó desde El Dispositivo hasta las nubes de Terra Ferma, pintando el cielo de color rojo, mientras diversas ciudades de todo el mundo aparecían alrededor de la pirámide, al mismo tiempo que la población humana atrapada en Terra Ferma, se arrodilló ante El Dispositivo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario