El Demiurgo entró en el laboratorio, con la cabeza alzada y embriagado por un aire de prepotencia.
Frente a él se mostraban una multitud de pantallas, monitores esparcidos por toda la habitación, que mostraban los datos del funcionamiento de Terra Ferma.
El Demiurgo se acercó al jefe de laboratorio:
-¿Cómo va el programa?
-Ahora está en óptimo funcionamiento, la mayoría de los usuarios se han borrado del programa, muchos territorios están desiertos, las ciudades están abandonadas y gobierna la ley del más fuerte.
-La situación es caótica ya veo, pero hemos encontrado la solución.
-¿Se refiere al Dispositivo que recuperamos de la Ciudad Prohibída?
-Exáctamente, nos permitirá reiniciar y reparar el programa sin formatearlo.
-Pero éso es imposible, ese Dispositivo tendrá miles de años.
-Millones amigo mío, millones.
-¿Pero qué piensa hacer?
-Lo primero es lo primero, ¿Están los satélites operativos?
-En 5 horas podremos iniciar la operación Icarus, señor.
-No puede haber ningún error jefe, quiero que este laboratorio borre cualquier rastro que Icarus pueda dejar de la implicación de Genimus, en esta operación.
-No se preocupe señor Campos, tengo en mi equipo a infomáticos y astrónomos que llevan rechazando ofertas de empleo durante años de la NASA y la CIA para trabajar con nosotros.
El Demiurgo sonrió, cogió el teléfono móvil de su bolsillo y llamó a un número de teléfono:
-Lo sentimos, pero este número de teléfono no se encuentra en este momento operativo.
El Demiurgo colgó el teléfono, debía de estar ahora mismo conectada, tendría que esperar para hablar con ella.
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