Tomás se acostó en su cama, había cogido la habitación contigua a la de Elena.
Resulta que el hotel estaba completamente abandonado, cubierto de una película de polvo en la mayoría de sus habitaciones, y el mobiliario estaba desperdigado por todo el espacio, como si una estampida de rinocerontes hubiera pasado por encima.
Elena le había dicho que es imposible dormir en Terra Ferma, pero Tomás sabía que a él no le afectaban las reglas del programa, así que probó suerte, haber si conseguía echar una cabezada.
Pasó 1 hora y nada, estaba tan despierto y espabilado como al principio de su aventura.
La ventana de su habitación se abrió por causa del aire, y una ligera brisa empezaba a molestar a Tomás.
Se levantó para cerrarla y al mirar a través de ella vio en medio de la calle, la silueta de una mujer.
Tomás se vistió en un segundo, bajó corriendo por las escaleras y salió a la calle.
La mujer llevaba un vestido azul, muy familiar para Tomás, y cuando le tocó en el hombro,ésta se volvió hacia él.
-¿Mamá?
-Hola Tomás, te he echado mucho de menos.
-¿Qué haces tu aquí?
Antes de que su madre contestara, Tomás apareció de repente en su casa de la infancia, en la cocina, donde solía hablar con su madre después de volver del colegio.
-¿Sabes por qué estás aquí, no?
Porque este fue el último lugar donde te sentiste seguro, protegido, en casa.
-¡Tú no eres real!
La mujer sonrió y poco a poco se alejaba de la encimera de la cocina, acercándose a Tomás.
-La realidad es sólo una cuestión de percepción, ahora estoy aquí, contigo.
Tomás se asustó y empezó a llorar, se sentó en el suelo y permitió que su madre le acariciara los cabellos.
-¿Qué es lo que quieres?
-Ayudarte a recordar.
¿Recordar qué?
-Algo que una vez supiste, pero que elegiste olvidar.
Olvidar la razón por la que toda tu vida te has sentido perdido, sin propósito, sin esperanza.
Tu mundo no es real Tomás, Terra Ferma fue tu única oportunidad, la única forma por la que pude recuperarte.
-No me recuperaste, me abandonaste cuando tenía 10 años, te suicidaste y nos dejaste a papá y a mí solos.
Luego él por tu culpa se volvió loco, y lo internaron en un psiquiátrico durante el resto de su vida.
-Tu padre murió por la misma razón que yo, porque su corazón no aguantó más la culpa, el dolor y los remordimientos de lo que hizo.
-¡Papá nunca hizo nada malo!
La madre de Tomás le cogió la mano a su hijo, lo levantó del suelo y lo guió hasta el viejo espejo que tenían en la entrada de su casa.
Tomás se horrorizó al observar su propio reflejo en el cristal, su rostro había cambiado por completo, era rubio, de ojos azules, con la nariz más pequeña y la barbilla más redondeada.
-Este es tu verdadero aspecto Tomás, yo siempre he sido rubia, sólo que me teñí el pelo de color negro para ayudarte a adaptarte.
-El rostro que ahora estás viendo siempre fue el tuyo, y lo has recuperado desde que volviste a Terra Ferma.
-¿Qué significa todo esto?. !No entiendo nada¡
¡Ése no soy yo!
-Sí lo eres, lo sabes, lo sabrás.
Tomás dió un empujón a su madre y salió corriendo hasta la puerta de la casa, intentó abrirla pero fue en vano.
-No puedes marcharte Tomás, no hasta que no sepas a dónde ir.
-Sólo quiero volver a casa, al mundo real.
-Tu brújula te marcará el camino, pero antes debes saber a lo que te enfrentas.
-¿Y cómo lo averiguo?
-Cerca de Épsilon, a unos 5 km al Este, verás una montaña, en la cumbre vive un adivino, él te dirá todo lo que necesitas saber.
La puerta se abrió de par en par, y Tomás antes de cruzarla, miró a su madre a los ojos y le dijo:
-Te quiero mamá.
-Te quiero, hijo mío.
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