El hombre se despertó con una gran jaqueca recorriendo su nuca, un dolor que prácticamente no había padecido nunca.
Esta sensación sumada a la implacable confusión nacida de lo más profundo de su cerebro reptiliano, le obligaba a realizar un desesperado intento para alejarse del agua arrastrando su cuerpo.
La arena empezaba a acumularse por todo el interior de sus pantalones lo que le dificultaba sus movimientos y además aumentaba su cansancio, convirtiendo sus articulaciones en pesados engranajes difíciles de girar.
En ese momento una pequeña figura se le acercó y con un rápido movimiento se inclinó ante él. Un niño pequeño de unos 7 u 8 años vestido con una túnica de colores, característica de las personas que vivían en el desierto durante la época de las mil y una noches.
El hombre no pudo percatarse concienzudamente de su situación actual porque en ese mismo momento, justo cuando empezaba a percibir los rasgos de su nuevo compañero, cayó en el reino de la inconsciencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario