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Capitulo 29-El Ágora de Urano

El majestuoso palacio imperial proyectaba su sombra sobre la plaza donde está situado.
Al borde de ella se encontraba El Demiurgo, realizando una reverencia al responsable chino de la seguridad de la Ciudad Prohibida.
Los empleados de Genimus que acompañaban a su jefe presentaron del mismo modo sus respetos, habían conseguido todos los permisos necesarios.
El Demiurgo despidiendo al jefe de seguridad de aquel lugar, se adentró en el palacio imperial seguido de sus hombres.
La planta baja del palacio era impresionante en su belleza, miles y miles de años de historia aparecian ante ellos y El Demiurgo caminó con energia hasta el final de la sala.
Su empleado encargado de asuntos informáticos se acercó a El:
-Señor Campos, creo que deberíamos despertar ya a los usuarios de la prisión de Siberia.
-Muy bien, hágalo.
Boris dió media vuelta y salíó por la puerta del palacio, mientras El Demiurgo pegaba su cabeza a la pared, buscando algo con determinación.
Después de unos minutos se detuvo y hizo una señal a sus hombres para que se acercaran.
-Aquí está, ¿Lo véis?
-¿Se refiere a ese grabado en la pared señor?
-Exáctamente, llevo mucho tiempo esperando este momento.
En la pared justo donde se situaba El Demiurgo, un dibujo de Urano, la representación del Cielo según la mitología griega, se mostraba ante ellos, de una manera casi imperceptible desde tan solo 2 metros de distancia, había que situarse prácticamente a 2 cm de la pared para verlo.
El Demiurgo, arroyado por la emoción, presionó el grabado hacia dentro, y un fragmento de esa misma pared se movió hacia la izquierda, descubriendo un pasadizo secreto.
Al Demiurgo le sobrevino un mareo repentino y en cuanto levantó la vista observó que se encontraba en la sala secreta donde escondía la brújula.
Veía todo el entorno de una manera difuminada, como si estuviera dentro de otro cuerpo, observándolo todo desde 3º persona.
Sus ojos se acercaron al atril de piedra y un brazo, que definitivamente no era el suyo, se alargó y recogió la brújula.
Visto esto, la imagen desapareció y volvió a estar en la Ciudad Prohibida.
-¿Se encuentra usted bien, señor?
-Sí, estoy bien.
El Demiurgo y sus hombres descendieron por el pasadizo secreto hasta alcanzar una importante profundidad en el subsuelo.
Iban armados con linternas especiales para la exploración de cuevas, por lo que la visivilidad no era un problema.
Alcanzaron el final del pasadizo y un muro de cemento les cerró el paso.
Nada más verlo, 5 de los acompañantes Del Demiurgo se agarraron la cabeza con desesperación y cayeron al suelo gritando y llorando de dolor.
Todas las linternas y los objetos de metal que llevaba el grupo consigo salió volando hasta pegarse en el muro de cemento.
-¿Qué está pasando señor?
-Pasa que lo hemos encontrado, retirad este muro y recuperar el Dispositivo lo antes posible, luego trasladarlo a la sede central de Genimus.
-¿Espere, tras este muro se encuentra el Ágora de Urano?
-Sí, pero el Ágora no es lo que importa, si no lo que hay escondido en ella.
-Entiendo señor, ahora mismo empezaremos la excavación.
El Demiurgo le dió las gracias a su jefe de obras, y salió a través del pasadizo secreto a la superficie.

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