Cuando Usutu se despertó, con un gran dolor de cabeza, aparte de padecer diversas heridas abiertas por toda su espalda, se fijo en el gran número de hombres que se movían rápidamente a su alrededor.
Estaban vestidos con ropajes islámicos, como si se trataran de terroristas a las órdenes de Bin Laden, pero hablaban su idioma, ladrando órdenes sobre el empaquetamiento de sus suministros almacenados en aquella caverna oculta en el desierto.
-¿Qué hacéis?, ¿No vais a matarme?
El tipo que parecía el cabecilla del grupo se acerco al catre donde estaba atado Usutu, se sentó junto a la cabecera y se inclino hacia él:
-Si aun quisiéramos matarte, ya estarías muerto así que por que en vez de hacer preguntas estúpidas, no cierras la maldita boca.
Usutu asintió con la cabeza, no porque quisiera acatar el mandato de ese hombre, si no porque nada más pronunciar estas palabras, le puso su cuchillo en el cuello.
-Supongo que formabas parte del comando que se atrevió a penetrar en el territorio del Demiurgo, pues para tu información gracias a vuestra mierda de misión, esta parte de Terra Ferma se está derrumbando.
Usutu en una situación distinta le habrían parecido las palabras de aquel hombre poco menos que una auténtica locura, pero recordaba como la selva había desaparecido bajo sus pies en un instante y la conversación que mantuvo con aquella mujer.
-No fue culpa nuestra.
-¡Entonces de quien fue!
-Se llama Tomas Campos y si me dejáis acompañaros puedo llevaros hasta él.
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